La onicofagia (término técnico para el hábito de morderse las uñas) es un ejemplo de respuesta defectuosa a la hora de tratar con ciertas emociones.

Jochen Roef, Máster en Psicología y Personalidad en Bling, nos explica  por qué tantas personas comienzan a comerse las uñas, cuándo se es más susceptible a adquirir esta costumbre y, lo que es más importante: cómo detenerla.

“Este tipo de comportamientos producen un efecto calmante”, asegura el psicólogo. “Siempre hay un sentimiento asociado a la raíz del hábito”.

En este caso, el acto de morderse las uñas suele relacionarse con una sensación de relajación que, pese a derivar de un comportamiento negativo, se convierte en un reflejo que, en última instancia, da lugar al hábito.

morderse las uñas

¿Por qué debo dejar de comerme las uñas?

Relaciones sociales.

La onicofagia no produce una sensación agradable a los interlocutores e incluso puede interpretarse como una reacción infantil.

El lenguaje corporal es uno de los factores clave en nuestra interacción social, tanto en el ámbito laboral como en el personal, y cualquier gesto que delate nerviosismo o inseguridad será una dificultad añadida a la hora de relacionarnos con otras personas.

Estética.

Unas uñas mordidas serán siempre más feas que unas uñas bien cuidadas. Además, la saliva seca en las uñas puede dar lugar a olores desagradables.

Nuestras manos contienen grandes cantidades de bacterias que transportamos a nuestra boca cada vez que nos mordemos las uñas, aumentando el riesgo de aparición de infecciones bucales.

Problemas de salud

¡No te engañes! Comerse las uñas no sólo afecta a las uñas: aumenta el riesgo de infecciones en tus dedos por la aparición de padrastros; la debilitación progresiva de las uñas por la humedad puede favorecer la aparición de hongos; los dientes pueden verse desplazados por la presión; los trozos de uña tragados y digeridos pueden dar lugar a dolor de estómago (siendo este caso especialmente frecuente en niños). ¿Hacen falta más motivos?