Onicofagia: un hábito a borrar de nuestras vidas

Comerse las uñas no es saludable. No es ninguna novedad, pero tampoco está de más recordarnos cada cierto tiempo que muchos de los hábitos que hemos adquirido a lo largo de los años pueden resultar perjudiciales en mayor o menor medida. Ya sea conducir al borde de los límites de velocidad, comer comida precocinada, fumar… tenemos instaladas un montón de costumbres en nuestro comportamiento diario muy difíciles de eliminar, y muchas de ellas pueden ponernos en peligro o acarrear distintas complicaciones de salud.

onicofagiaTampoco vamos a llevarnos las manos a la cabeza, la onicofagia (término científico para el acto de morderse las uñas) no es uno de los hábitos más perjudiciales en los que podemos caer, pero conlleva una serie de consecuencias que la mayoría de la gente no se detiene a analizar, y eso es precisamente lo que nos disponemos a recapitular a continuación.

Consecuencias para las propias manos

En primer lugar y como consecuencia más obvia, el acto de comerse las uñas regularmente ocasiona un mal crecimiento de las mismas, además de producir gradualmente una mayor debilidad ungular y posibles alteraciones en el lecho ungueal (tejido situado debajo de las uñas).

El constante humedecimiento al que someteos a nuestros dedos, junto a la constante presencia de pequeñas heridas ocasionadas por nuestros dientes, derivan en un mayor riesgo de infecciones, y la saliva seca que se queda pegada a la piel puede producir olores no deseados.

Consecuencias para la boca

Como es lógico, no sólo nuestros incisivos y caninos hacen mella en las uñas, sino que éstas también ocasionan daños en nuestra dentadura, pudiendo contribuir a su desgaste además de potenciales problemas en la correcta oclusión de ambas filas de dientes. Por si fuera poco, las uñas pueden producir pequeños cortes en las encías, y llevando nuestras manos constantemente a la boca estamos transportando montones de bacterias y trasladando por tanto el riesgo de infección también a nuestra cavidad bucal.

Y las consecuencias no se detienen en el “vestíbulo” de nuestro aparato digestivo: es habitual que algunas personas con el hábito de la onicofagia, especialmente niños pequeños, se traguen involuntariamente trozos de uña y sufran dolores de estómago.

Consecuencias sociales

Unas manos desatendidas con los dedos llenos de padrastros y las uñas mordisqueadas transmiten sensación de descuido y abandono, de no dar importancia a nuestra estética, y además una persona que se muerde las uñas ofrece una impresión de desconfianza y ansiedad.

Aunque a priori estas consecuencias puedan parecer menos relevantes que los problemas de salud mencionados, pueden repercutir poco a poco en la autoestima de la persona con onicofagia y por ello no deberían ser obviados ni tomados a la ligera, aunque ya tendremos tiempo de abordarlos con más detenimiento.

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